El 27 de diciembre pasado llegué como siempre al supermercado y me sorprendió ver globos colgados y un clima de festejo. En realidad mis compañeros me tenían preparada una pequeña fiesta sorpresa para celebrar el primer año de mi nueva vida”.
El que habla es Raúl Emilio Carro, empleado de la sucursal 85 de la Cooperativa Obrera, situada en la zona céntrica de Monte Hermoso, quien sufrió una muerte súbita producto de un infarto agudo de miocardio en el local a poco de haber ingresado a trabajar.
“Estoy eternamente agradecido a mis compañeros, porque ellos me salvaron la vida. Muchas veces renegamos de las capacitaciones periódicas que se instrumentan desde el servicio médico de la Cooperativa acerca de reanimación cardiopulmonar y manejo del desfibrilador externo automático (DEA), pero con lo que pasó todos hicimos un click y nos dimos cuenta de la importancia que tiene estar capacitado para actuar frente a hechos de esta naturaleza”, acota.
Precisamente la torta con la que sus compañeros agasajaron a Raúl fue por un demás original: un desfibrilador externo automático, el aparato que le permitió recuperar los signos vitales después de casi dos minutos en que su corazón permaneció detenido.
“Lo que sucedió me dejó muchas enseñanzas. Por ejemplo que el dolor de estómago y de pecho que me tuvo a maltraer durante una semana no era consecuencia de una gastritis, como suponía, sino de un preinfarto. Si hubiese realizado una consulta médica por entonces seguramente no llegaba a una situación tan extrema”, reconoce.
Cuando se alinearon los planetas
También admite que frente a esta dura experiencia que le deparó la vida, “estoy convencido que se alinearon los planetas y que también incidió mi fe cristiana”.
“En esos días en los que no me sentía nada bien le recé a la Virgen todas las noches. Además vivo solo, por lo que si se me hubiese pasado en casa hoy no estaría contando lo que me sucedió; ese día no me tocaba trabajar y cambié el franco porque había mucha verdura para descargar, y encima suelo dejar el auto a tres cuadras para no pagar el estacionamiento medido, pero en esta oportunidad lo dejé enfrente de la sucursal”, subraya.
Acerca de lo sucedido comenta que “apenas entré me senté frente a la computadora y a partir de entonces no me acuerdo más nada. Me comentaron que enseguida me puse violeta y que no tenía pulso, por lo que comenzaron con las maniobras de RCP. Después utilizaron un DEA, que fue finalmente lo que me devolvió a la vida”.
“Todo quedó registrado en las cámaras de seguridad, pero nunca las quise mirar, porque es duro rememorar aquel momento. Ni bien esbocé algún movimiento me llevaron al hospital de Monte y de ahí me derivaron a la Clínica de Empleados de Comercio en Bahía Blanca, donde me colocaron tres stents”, destaca.
Hoy, mientras se prepara para la inminente jubilación, “el 24 de mayo cumplo 65 años y llegará el momento de descansar”, su vida recobró el ritmo normal, más allá de los cuidados del caso.
“Extraño mucho la verdulería, el sector que amo y en el que trabajé durante 28 años, pero la cosa cambió porque me redujeron el horario laboral, no puedo levantar mas de 10 kilos, camino mucho más y tengo que cumplir la pie de la letra con la medicación”, resalta.
“Empecé trabajando en el supermercado con los anteriores dueños, cuando el local se llamaba Los Danos, y después pasé a La Coope. Llevo atendiendo a tres generaciones de turistas y montehermoseños, y soy un agradecido a la Cooperativa Obrera, porque cuando estuve a punto de que me remataran la vivienda, me extendieron un préstamo salvador. Es una empresa que siempre te tiende una mano cuando lo necesitás y eso es algo que quiero resaltar en este momento en el que el de arriba me dio una nueva oportunidad”, concluye.