Cuando pasa la tormenta

Atravesar un acontecimiento traumático, con sentimientos a flor de piel en medio de un bombardeo informativo con imágenes terribles, sufrimiento y pérdidas, puede pasarnos una factura emocional y causar estrés. Sin embargo, hay maneras de recobrar el control.


Frente a un hecho conmocionante como indudablemente representó la trágica inundación sufrida en Bahía Blanca, Diego García, magíster en comunicación en las organizaciones, y María Guadalupe Fernández, licenciada en psicología y especialista en emergencias y desastres, socios gerentes de MG Consultora, abocada a temas de comunicación e información, compartieron en las redes una serie de consideraciones dignas de ser tenidas en cuenta, que pueden ayudarnos a superar el trauma.
• Una vez que comenzamos a dejar atrás el desastre hay mucho que se puede hacer en materia de comunicación y de salud mental de la población. En primer lugar, chequear la información antes de compartirla o repetirla. “No sé si será cierto pero por las dudas la comparto”, no es chequear. Hay que basarse siempre en fuentes oficiales. Además debemos tener en cuenta que ante un hecho de esta magnitud se genera muchísima información y no es necesario compartirla toda.
• Por otra parte, hay mucha necesidad de hablar. Todos necesitamos contar, por eso escuchar también es una forma de ayudar. Si se puede, es bueno crear crear espacios donde todo se exprese. También debe considerarse que en poco tiempo nos vamos a empezar a cansar del tema, algo muy normal en las emergencias. Por eso también validemos aquellos que quieren escuchar, respetando los silencios y tengamos la posibilidad de decir sin culpa cuándo no tenemos más ganas de seguir escuchando.
• También es natural que estemos cansados, pero este cansancio es diferente al que hemos sufrido en otros momentos de la vida. Eso se debe a que cuando la cosa empieza a acomodarse, nuestro cerebro deja de producir un neurotransmisor, la adrenalina, que es la que nos permitía estar a tope, yendo de acá para allá con una energía nunca antes vista para ayudar a todo el mundo.
• Este cansancio es una mezcla de hartazgo, de bajón de energía, de dolores en distintas partes del cuerpo que ni siquiera sabíamos que teníamos, de pérdida de noción del día y la hora. Una suerte de resaca por todo lo que le pedimos a nuestro cuerpo. Es el rebote orgánico del sobreesfuerzo físico y emocional vivido.
• Esta sensación de no dar más es lo que a veces hace temblar la empatía. Por eso, en este tiempo debemos ser más pacientes y amables que nunca entre nosotros. Cada uno atravesó un drama diferente, constituyendo un manojo de emociones que necesita ser respetado en su individualidad.
• Hechos con una carga emocional tan intensa como los vividos quedan grabados en nuestra memoria. Por tal motivo, en estos días en que todos bajamos un cambio, debemos rendirnos una suerte de homenaje por haber resistido, por haberlo pasado, por haber tendido una mano o una palabra de aliento que tanto necesitaba el otro. Hay que hacer algo que nos brinde placer, desde comer algo rico, juntarse con alguien que nos haga bien, gestionar nuestro bienestar haciéndonos un mimo sin culpa.
• Finalmente hay que considerar que cuando vuelva a llover, aunque sean dos gotas, seguramente sentiremos cosas dife-rentes a otras veces. Ahí pueden aparecer algunos síntomas de ansiedad, algo esperable después de una emergencia. Lo bueno es que si nos anticipamos, vamos a estar más preparados. Por eso es importante tener recursos dispuestos por si esa lluvia nos agarra en el auto o en casa. Y si estamos con chicos es bueno tener a mano un juego o un cuento nuevo, algo que también funcione como elemento de distracción.
• Transcurridos algunos días de la inundación, es recomendable empezar a equilibrar tres tipos de necesidades. Por un lado, expresarnos y volver a contar una y otra vez lo que nos sucedió, porque la repetición nos ayuda a elaborar.
• Asimismo comenzando a retomar rutinas y espacios que disfrutábamos antes del hecho que nos conmovió, que nos conectan con nuestra identidad y autoestima. Para recordar quiénes éramos antes del desastre, para reconectarnos con esa normalidad que conocíamos.
• También hay que darle lugar a la esperanza, volver a soñar ya tener proyectos. Por pequeña que sea, reactivar cualquier cosa que motive y nos conectemos con el futuro.

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Modificado por última vez en Jueves, 20 Marzo 2025 15:23

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