Además de contener grasas saludables y aportar proteínas, lentejas, garbanzos, porotos, habas, soja y arvejas, entre otras legumbres, contienen mucha vitamina C y pueden representar un sustituto de la carne. Disponibles durante todo el año, son económicas y muy fáciles de preparar.

Si bien las bajas temperaturas representan el aliado perfecto para evitar la proliferación de elementos patógenos hay alimentos que no conviene congelar. Aquellos que hayan sido cocinados pueden ser llevados al freezer, pero debe tenerse en cuenta cómo se hace.

Un elemento comestible en mal estado no siempre puede notarse a simple vista, ya que hasta con buen aspecto puede contener bacterias patógenas. La duración de un alimento depende de sus características y de las técnicas de conservación y de manipulación.

A medida que envejecemos nuestro apetito experimenta cambios. Por tal razón, es importante adoptar hábitos correctos en relación a los alimentos que ingerimos, porque a lo largo de nuestra vida serán un factor determinante para la salud y el bienestar.