Estoy en el lugar donde quiero y vivo de lo que amo. Si me tengo que definir, soy una persona súper bendecida”, resume Sergio López, impulsor de la cantoterapia integradora, un método que utiliza la voz y el cuerpo como herramientas para el autoconocimiento y la transformación personal.
La propuesta se inspira en los aportes del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung y su mirada sobre la dimensión trascendental de la psiquis. “Hay una sincronicidad que busca ordenar al ser humano.
Cuando alguien aprende a reconocerse a través de su voz, puede modificar la percepción de lo que le ocurre”, explica.
Oriundo de Río Cuarto, Sergio tiene 54 años y llegó a este camino mientras estudiaba musicoterapia en Rosario. Por entonces, trabajaba como cantante y, aunque recorría escenarios importantes del país, sentía que había perdido el disfrute. “Empecé a buscar y encontré un camino maravilloso”, recuerda.
Esa búsqueda se complementó con más de una década de trabajo en el ámbito de la discapacidad y años en salud mental, experiencias que hoy confluyen en su proyecto. “No se trata solo de cantar. Es integrar el cuerpo y, sobre todo, la dimensión psicológica de la voz, que es lo que hace diferente al método”, señala.
Actualmente, entre 100 y 120 personas participan de sus talleres. De allí surge “Serenatas de bienestar”, una iniciativa en la que grupos reducidos visitan hospitales, clínicas y sanatorios para llevar música a pacientes internados. “La sorpresa es lo primero: nadie espera una serenata en ese contexto. Pero lo más impactante es la respuesta”, cuenta.
Según detalla, los efectos no son solo emocionales. “Está comprobado que mejora el estado de ánimo, puede influir en la respuesta inmunológica, aliviar el dolor y favorecer la respiración. También impacta en quienes acompañan al pa- ciente”, asegura.
Respaldo científico
Mucho antes de que estas prácticas alternativas fueran aceptadas en el ámbito médico, Sergio ingresaba de manera informal a centros de salud para cantar. “Me llamaban familiares y entraba a deshoras. He ido a las tres de la mañana y he visto resultados increíbles”, recuerda.
Esa experiencia encuentra respaldo en investigaciones recientes: científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts identificaron neuronas que se activan específicamente con el canto, pero no con el habla ni con la música instrumental. Se trata de las “neuronas cantarinas”, que se ubican en el lóbulo temporal superior y reaccionan ante la combinación específica de voz y melodía.
La cantoterapia, aclara Sergio, no requiere saber cantar. “La puede hacer cualquier persona, desde alguien sin formación hasta un profesional de la voz que busca una herramienta de sanación”, explica.
Su recorrido musical también lo vinculó con artistas reconocidos. Entre ellos, la cantante tropical Eugenia Quevedo, con quien grabó una versión de “Yo no te pido la luna” junto a decenas de participantes del taller. También trabajó con Facundo Toro y Los Nombradores del Alba, referentes del folclore, y proyecta nuevos desafíos para este año.
Entre ellos, visibilizar su trabajo y sostener las visitas a hospitales y clínicas, donde el repertorio se adapta a cada situación. “A veces preguntamos qué quiere escuchar el paciente. Nos ha pasado que alguien en estado crítico termina cantando con nosotros, se ríe, aplaude y agradece. Eso es impagable”, concluye.
Contactos
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