En años de incipiente desarrollo de la aviación y la con la premisa de ser la primera aeronave que lograra cumplimentar el trayecto entre Europa y Sudamérica, el “Plus Ultra” despegó el 26 de enero de 1926 de la localidad española de Palos de la Frontera, el mismo lugar desde el que había partido Cristóbal Colón cuando en 1492 descubrió América.
El avión siguió aproximadamente la ruta empleada en 1922 por Gago Coutinho y Sacadura Cabral, dos oficiales de la marina portuguesa que concretaron la primera travesía aérea del Atlántico Sur, uniendo Lisboa y Río de Janeiro, pero utilizando tres hidroaviones debido a distintas averías mecánicas.
El 10 de febrero de 1926, el mítico avión de hélices llegó a la Costanera porteña, que se vistió de fiesta para recibirlo, completando un vuelo de 10.270 kilómetros que demandó 59 horas y 30 minutos (a una velocidad promedio de 172 km/h) y que desde el punto de vista técnico significó un éxito rotundo, exaltado como una gran hazaña por los periódicos de todo el mundo.
Los realizadores de aquel hecho que trascendió fronteras fueron el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda (copiloto), el teniente de navío Juan Manuel Durán (operador de radio) y el sargento mecánico Pablo Rada, todos ellos españoles, quienes fueron agasajados en la Casa Rosada por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear e hicieron una gira por ciudades del interior.
El del “Plus Ultra” (“Más allá” en latín), lema adoptado por el rey Carlos I de España para significar que la tierra conocida por los europeos no terminaba en las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar), como se pensaba antiguamente, no fue un vuelo sin contratiempos, pero los aviadores solucionaron los percances con increíbles historias durante toda la travesía, que estuvo escoltada por dos barcos para auxiliar en caso de accidente.
El aparato, de 22,5 metros de envergadura y 17,2 de longitud, tenía una autonomía de 4.500 kilómetros aproximadamente y fue modificado especialmente para este vuelo, incorporando por primera vez el radiogoniómetro, un equipo innovador de 80 kilos de peso que disponía de una antena, que captaba las emisoras de radio de los lugares por los que iba pasando el avión o las de los barcos que navegaban por la zona.
En la primera etapa de las siete escalas que comprendió el viaje, el hidroavión completó 1.300 kilómetros, llegando a la bahía de la ciudad española de Las Palmas de Gran Canaria, donde fue detectado acurrucado entre las lonas de las hélices un “quinto” tripulante, el periodista cántabro Emilio Herrero, quien pretendió viajar como polizón vestido de aviador y fue bajado de inmediato.
Las restantes etapas fueron Las Palmas-Porto Praia (1.745 km); Porto Praia-Fernando de Noronha (2.305 km); Fernando de Noronha-Pernambuco (540 km); Pernambuco-Río de Janeiro (2.100 km); Río de Janeiro-Montevideo (2.060 km) y Montevideo-Buenos Aires (220 km).
A pesar de que Ramón Franco pretendió extender el viaje a otros lugares de América, el gobierno español no lo autorizó. Poco después, el rey Alfonso XIII donó el “Plus Ultra” a la Armada Argentina, sirviendo como avión correo hasta ser más tarde retirado del servicio. Actualmente se exhibe en el Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo” de la ciudad de Luján.






























