El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias y en las personas que la padecen, los bronquios (es decir los conductos que llevan el aire hacia los pulmones) presentan una inflamación persistente y una hiperreactividad que los hace extremadamente sensibles a determinados estímulos del entorno, conocidos como desencadenantes.
En condiciones normales, nuestras vías respiratorias se adaptan sin dificultad a los cambios del aire que respiramos. Sin embargo, cuando se sufre de asma, el sistema respiratorio reacciona de forma desproporcionada frente a sustancias como alérgenos, infecciones o contaminantes ambientales.
El resultado se traduce en síntomas como dificultad para respirar, opresión en el pecho, tos y sibilancias (silbidos en el pecho al respirar), que pueden aparecer de forma intermitente o persistente.
Cuando una persona con asma inhala un desencadenante, se activan tres mecanismos principales en las vías respiratorias: inflamación de los bronquios, broncoconstricción (estrechamiento de las vías aéreas por la contracción del músculo liso bronquial) y aumento de mucosidad.
La combinación de estos tres procesos explica por qué, durante una crisis asmática, respirar se vuelve difícil, aparece una sensación de ahogo y el esfuerzo respiratorio aumenta.
La contaminación del aire, tanto exterior como interior, contiene partículas y gases capaces de penetrar profundamente en los pulmones. En las personas con asma, estas sustancias no solo irritan las vías respiratorias, sino que mantienen y agravan la inflamación crónica.
Las partículas finas pueden alcanzar las zonas más profundas del pulmón y provocar inflamación, mientras que ciertos gases dañan el revestimiento interno de las vías respiratorias, aumentando su sensibilidad.
Lo enunciado brinda una idea clara acerca de por qué la exposición a aire contaminado puede provocar síntomas incluso cuando el asma parecía estar controlada.
El pasado 5 de mayo se conmemoró el Día Mundial del Asma, una jornada establecida para concientizar sobre la enfermedad, mejorar el diagnóstico temprano, el tratamiento y la educación, destacando en esta oportunidad la necesidad de garantizar el acceso a la comunidad de inhaladores antiinflamatorios.
































