Reconocida de manera oficial como enfermedad desde 2016, la sarcopenia incrementa notablemente el riesgo de caídas, fracturas, hospitalizaciones e incluso la mortalidad.
Asociada al envejecimiento, esta afección centrada en la pérdida gradual y generalizada de masa, fuerza y función muscular esquelética comienza de forma gradual a partir de los 40 años y suele acelerarse entre los 50 y los 65 años, influido también por el sedentarismo, la mala alimentación o períodos de inmovilización prolongada.
Identificar los primeros indicios resulta clave para evitar el avance de la enfermedad antes de comprometer la rutina diaria. En este sentido, hay que prestar atención a las primeras señales de alerta entre las que destacan la pérdida de fuerza, la dificultad para levantarse de una silla, la lentitud al caminar, los problemas para subir y bajar escaleras o las caídas y tropiezos frecuentes.
A estos síntomas se suman la pérdida involuntaria de peso, la disminución evidente del volumen muscular y las dificultades crecientes para realizar labores cotidianas como vestirse o ducharse.
Entre las causas principales de la sarcopenia pueden enunciarse el envejecimiento (cambios metabólicos y hormonales propios de la edad, como la reducción de testosterona, estrógenos o la hormona de crecimiento), el sedentarismo (falta de actividad física o inactividad prolongada por reposo o enfermedad), la mala alimentación (consumo insuficiente de calorías, nutrientes esenciales o proteínas) y ciertas enfermedades crónicas (patologías inflamatorias, renales, cardíacas o resistencia a la insulina).
Los especialistas subrayan que esta condición se puede prevenir y retrasar con pautas adecuadas de actividad física moderada, combinada con ejercicios de fortalecimiento muscular, y de manera ideal complementada con ejercicios de equilibrio y trabajo funcional.
La evidencia científica avala que el entrenamiento de fuerza, a través de la actividad física con cargas, pesas o bandas elásticas, representa la herramienta más eficaz para estimular y conservar el músculo.
Asimismo, resulta imprescindible llevar a cabo una dieta equilibrada que contenga un consumo óptimo de proteínas y calorías, complementada si es necesario bajo supervisión médica.






























