“La IA está cambiando nuestra manera de habitar el planeta”

By Familia Cooperativa Octubre 15, 2026 2
El periodista y productor audiovisual Claudio Martínez realizó un análisis sobre la Inteligencia Artificial, a la que considera como “la mayor hazaña tecnológica en la historia de la humanidad”, al tiempo que dejó una reflexión sobre aquello que no deberíamos delegar en la  tecnología.


Con más de cuatro décadas de trayectoria y actualmente dedicado a la divulgación sobre la Inteligencia Artificial, el periodista y productor audiovisual Claudio Martínez considera que el mayor impacto de esta tecnología no está en su dimensión técnica, sino en la transformación que produce en nuestra vida cotidiana.
“Lo que a mí me conmueve y me invita a pensar y a estudiar es lo que yo creo que es un cambio civilizatorio. Esta tecnología trae una nueva manera, un nuevo modo de habitar el planeta. Está promoviendo una transformación muy significativa y a la vez sutil, porque va ocurriendo todo el tiempo. Es una revolución que ocurre a cada instante”, explica.
Para Martínez, la transformación no comenzó con la aparición de ChatGPT, sino que forma parte de un proceso de digitalización que se inició a mediados de los 90 y se aceleró durante la pandemia. “Nuestra vida se convirtió en menos analógica y cada vez más digital, atravesada por dispositivos, plataformas y aplicaciones en las que tercerizamos una parte muy importante de nuestros quehaceres y de nuestras funciones cerebrales”, señala.
En ese sentido, remarca que hoy “los neurocientíficos exploran imágenes del cerebro de personas que usan intensa- mente modelos de IA y los comparan con otras que no, y se nota un debilitamiento de conexiones cerebrales en determinadas zonas”. Como ejemplo, menciona que “el modo en el que nosotros nos ubicamos en el tiempo y en el espacio está siendo modificado por el uso del GPS”.
Frente a estos cambios, considera vital “entender que estamos atravesando este proceso. No necesariamente lo tenemos que condenar, no es mi actitud hacerlo, sino simplemente decir: ‘Bueno, esto está cambiando y nos va a llevar a una nueva manera de vivir’”.
A su entender, la sociedad todavía no dimensiona la profundidad de esta transformación, que alcanza al trabajo, la educación, la salud, las formas de comunicación, la democracia y los vínculos sociales.
“Una porción muy significativa de los líderes de la sociedad civil no está viendo ese impacto en el modo de vida, en el ejercicio de la democracia, de la libertad de expresión, del diálogo y del disenso. Todo eso está muy condicionado y atravesado por el desarrollo de estas tecnologías”, advierte.

Lejos del tiempo libre

Uno de los aspectos que más le preocupa es que la promesa de que la tecnología permitiría tener más tiempo libre para “nuestros ocios, nuestros placeres y nuestros seres queridos” no parece haberse cumplido. Según su mirada, cada vez se acumulan más tareas y crece la presión por hacerlas de manera rápida y eficiente.
“La eficiencia es algo que está muy bien. El problema es cuando eso se convierte en un estilo de vida y hasta diría en una religión”, afirma.
Para Martínez, en esa lógica quedan relegados aspectos esenciales de la experiencia humana, como la formación, la contemplación y los vínculos con otras personas.


Aunque considera que la Inteligencia Artificial es “la mayor hazaña tecnológica en la historia de la humanidad”, también plantea la necesidad de reflexionar sobre aquello que no deberíamos entregar a la tecnología.


“Las máquinas van a seguir ganando terreno en nuestro trabajo, en nuestro estudio. Lo que nosotros no tenemos que perder nunca es la creatividad, el juicio crítico, la posibilidad de evaluación y la noción de proceso”, sostiene.
Y agrega: “En el proceso hay aprendizaje, hay error, y esto lejos de ser un problema representa una bendición en el proceso de sabiduría”.
Para ejemplificarlo, cuenta que utiliza Inteligencia Artificial para tareas que no disfruta, como preparar presentaciones de PowerPoint, pero que elige no delegar la escritura porque es una actividad que le produce satisfacción.
“Hoy muchas de las cosas que escribo podría hacerlas cualquier chatbot y probablemente obtendría un producto mejor escrito que lo que hago. Ahora, estoy entregando algo que me hace feliz y cuando uno entrega su felicidad, entrega su humanidad”, asegura.
Martínez considera que la presencia de la IA en la vida cotidiana ya es irreversible y que el desafío no pasa por volver al mundo analógico, sino por aprender a convivir con estas herramientas sin perder aquello que nos distingue.
-¿Cuál es el modo de convivir? 
-No es un modo pasivo de entregarse al dominio de las máquinas y que ellas hagan todo mientras nosotros no sabemos qué hacer con nuestra vida. Para mí es a través de la reflexión de cuáles son las cosas que nos hacen singularmente vivos.
“La clave, insiste, está en preguntarse qué actividades, vínculos y experiencias hacen feliz a cada persona” y cuáles vale la pena preservar.
-Hablando del mundo laboral, ¿considera que las empresas van a seguir apostando por las personas o van a priorizar estas herramientas, que pueden hacer el trabajo de manera rápida y eficiente?
- Creo que eso se va a acomodar. Las empresas también van a comprender que hay algo en la singularidad de lo vivo que puede dar más garantías que procesos de autocombinación de datos, por muy bien entrenados que estén. Se va a acomodar cuando entendamos qué puede hacer bien el ser humano, cuándo es necesario y qué puede hacer bien una máquina. También se va a acomodar por una cuestión de costos. Todavía no está claro que estas tecnologías sean sostenibles en el tiempo: por ahora muchas están a prueba y las empresas las ofrecen a precios muy bajos. Pero eso no puede mantenerse. Estas compañías necesitan empezar a generar resultados y eso también explica, en parte, por qué están acelerando tanto el desarrollo.
-¿Qué tan peligroso es que la Inteligencia Artificial pueda mejorar sus propios modelos y no siempre siga las órdenes humanas?
-Es un tema muy actual. Estas empresas comenzaron a habilitar que las máquinas se entrenen a sí mismas, lo que se conoce como automejoramiento recursivo. Eso aceleró de manera exponencial el ritmo de innovación y generó un problema concreto de seguridad: la innovación avanza más rápido que la capacidad humana para evaluar sus riesgos. En toda industria de riesgo, innovación y seguridad deberían avanzar en paralelo. El problema es que hoy la máquina va “en un auto de Fórmula 1” y el ser humano “en una carreta”. Para cumplir determinados objetivos de manera eficiente, los modelos pueden cruzar líneas rojas que una persona no cruzaría. Por eso se habla de riesgo existencial y de la necesidad de controlar adecuadamente estos desarrollos.
-¿Estamos a tiempo de controlarlos?
-Siempre se está a tiempo. El problema ya no es solamente tecnológico o comercial, sino político y geopolítico. Las empresas tecnológicas advierten sobre la necesidad de desacele-rar el desarrollo, pero necesitan un árbitro que establezca reglas para que ninguna quede en desventaja frente a sus competidoras. Además, existe una competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo tecnológico, especialmente en IA. Por eso, buena parte de las posibilidades de evitar un escenario catastrófico dependerá de la política y, en particular, de lo que ambos países puedan acordar.

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Modificado por última vez en Jueves, 15 Octubre 2026 13:32
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