Sevilla tiene un color especial, sostiene la canción que inmortalizaron Los Del Río, tal vez refiriéndose a la grandiosidad de sus monumentos, al encanto de barrios populares como Triana, al aroma a jazmín de sus plazas o a la música de guitarra española que se escucha en sus calles.
Hay quien argumenta que quizás se deba a la tradición de sus fiestas y muchos están convencidos de que su gastronomía es la auténtica responsable.
Verdadero ícono de la ciudad, La Giralda ofrece desde su mirador una vista fantástica de Sevilla, pudiéndose visualizar el mayor templo gótico de Europa, la Catedral, y el Real Alcázar, un extraordinario conjunto palaciego repleto de detalles.
Más allá de su innegable monumentalidad, hay espacios abiertos dignos de destacar como la enorme plaza de España, el Parque María Luisa o las vanguardistas Setas de Sevilla. Y si se desea disfrutar del ambiente sevillano más auténtico, nada mejor que ir de tapas por el casco histórico en áreas tan populares como Alameda, Macarena, Nervión, Los Remedios o Triana.
Por otra parte, en Sevilla la tradición siempre está de moda. Desde los espectáculos flamencos hasta las cerámicas y artesanías típicas que siempre serán un buen recuerdo, pasando por sus fiestas más internacionales: la Feria de Abril (alegría y pasión por el arte popular andaluz) y la Semana Santa (una fiesta pasional llena de momentos emotivos y multitudinarios desfiles religiosos).