Tomás Sarquís tiene 26 años, nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y dedica todo su esfuerzo a entretener brindando shows de magia.
Comenzó a transitar el camino artístico desde pequeño y hoy, además de dedicarse a eventos sociales y empresariales, impulsa un proyecto solidario que lo lleva a recorrer geriátricos y pueblos del país para reconfortar a los abuelos con espectáculos donde el ilusionismo se conjuga con la música.
Su vínculo con el mundo mágico empezó temprano. Aunque hay registros de su interés desde los 9 años, el recuerdo más claro es a los 11, cuando aprendió su primer truco a través de un tutorial de YouTube y lo mostró al día siguiente en la escuela, donde cursaba sexto grado.
“Ver que a mis amigos les encantaba y se volvían locos fue mi primer acercamiento real. Ahí dije: ‘Acá hay algo para hacer’”, cuenta.
A diferencia de otros hobbies que exploró, como la música (interpretando instrumentos como la guitarra y la batería), la magia le ofrecía algo inmediato: la posibilidad de generar sorpresa con muy poco.
“Con una monedita, en cualquier lugar, podés hacer que alguien se meta en ese mundo mágico, conecte con vos, juegue y se olvide por un rato de todo. En un contexto donde creemos saberlo todo, todavía hay lugar para el asombro”, reflexiona.
Su formación fue progresiva: primero a través de videos, luego mediante libros y finalmente con un maestro. Durante 3 años estudió con Manuel Llaser, discípulo del reconocido mago español Juan Tamariz. “Me guió en el camino del arte y me ayudó a entender qué es la magia”, asegura.
Aunque hoy Sarquís vive exclusivamente de su profesión, admite que no fue sencillo. “Desde los 18 le dedico todo mi tiempo a la magia, pero recién el año pasado pude decir que vivo cien por ciento de esto. Fue un camino largo, de buscar contactos y hacer cosas que no siempre tenía ganas, pero eran necesarias”, subraya.
Además de los shows pagos, desde hace un año impulsa “La caravana de ilusiones”, un proyecto solidario que lleva magia y música a geriátricos y localidades alejadas de los grandes centros urbanos. La iniciativa nació hace un año, a partir de un video casero con su tío abuelo Hugo, de 91 años, cuya reacción ante un truco se viralizó en redes sociales y abrió varias puertas.
Una invitación a un hogar en Salta fue el primer paso. Luego llegaron viajes, convocatorias y presentaciones solidarias en distintos puntos del país: “Nos gusta ir a pueblitos donde este tipo de entretenimiento no suele llegar”, resalta.
Según comenta, el proyecto se financia con su propio trabajo: parte de lo que gana en eventos privados se destina a un fondo común para cubrir traslados y gastos. Viaja acompañado por un pequeño equipo, entre ellos Fernando Vázquez, también mago, con quien se reparten las presentaciones.
Sarquís se define como mago ilusionista, un término que -aclara- se usa más que nada para diferenciar la magia para adultos de los shows infantiles.
Entre varias propuestas, emplea la magia para enseñar sobre ciberseguridad. “Trabajo con una empresa que se llama Btr Consulting y ofrecemos un show de capacitación para colaboradores. Hace 3 años que lo hacemos y funciona tan bien que ya lo presentamos en varias provincias de Argentina, además de Chile, Paraguay, Colombia, Uruguay, Perú y Guatemala”, destaca.
La música también ocupa un lugar central en su vida. Integra una banda de folclore llamada Los Chesquiz y suele llevar la guitarra a los hogares que visita. “A veces la música funciona incluso mejor que la magia, porque conecta con recuerdos. Cuando toco una zamba, muchos se ponen a cantar”, comenta.
Cuenta que no le interesa competir en certámenes ni campeonatos, ni de música ni de magia. “Prefiero estar en un festival de folclore o haciendo magia en un geriátrico que preparándome para una competencia. No estoy desmereciendo a las personas que lo hacen, admiro a esa gente, pero siento que mi camino no va por ahí”.
Entre sus proyectos a corto plazo aparecen la continuidad de Falso profeta, una obra performática que cruza teatro y magia, el crecimiento de la banda y nuevas giras solidarias de “La caravana de ilusiones”, con viajes previstos por la zona del Litoral del país.
Todavía tiene una deuda pendiente: Bahía Blanca. “Estuve cerca, en Coronel Pringles y Coronel Suárez, pero no llegué. Me encantaría ir”, dice.
Mientras tanto, sigue apostando a lo mismo que lo atrapó desde chico: crear una ilusión y regalar, aunque sea por un rato, un poco de asombro.
Contacto
Para conocer más sobre su historia o contratar sus servicios, se puede ingresar a las páginas de Instagram @tomassarquis y @caravanadeilusiones, o comunicarse al número telefónico 1164599608.