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Carlos Irusta y una vida junto al ring

By Familia Cooperativa Junio 17, 2026 3 0
Considerado como una eminencia del periodismo y un auténtico referente del pugilismo en cuanto a su análisis y difusión, desarrolló buena parte de su extensa trayectoria en los años de esplendor del Luna Park, siguiendo de cerca el accionar de destacadas figuras del boxeo nacional e internacional.


A los 78 años recién cumplidos, Carlos Irusta representa una de las plumas más respetadas y con mayor trayectoria en el ámbito boxístico argentino. Candidato al Salón Internacional de la Fama del Boxeo y autor de distintos textos, recientemente pasó por Bahía Blanca para presentar en el auditorio de la Cooperativa Obrera el libro “Yo estuve ahí”, su última obra literaria.
“Puede decir sin temor a equivocarme que no elegí el boxeo, sino que el boxeo me eligió a mi. Es que tuve el privilegio de unos pocos, porque crecí prácticamente entre el gimnasio y los camarines del Luna Park, que fue mi segunda casa y donde mi padre se desempeñó como entrenador, viendo desfilar a grandes figuras de la época de oro del pugilismo argentino”, destaca.
Hijo único, se crió en un conventillo cercano de la actual Federación Argentina de Boxeo y a la vez de conocer los secretos del deporte de los puños en el emblemático estadio emplazado en la esquina de Corrientes y Bouchard, comenzó a dar rienda suelta a su otra gran pasión: escribir.
“Me gustaba escribir cuentos siempre referidos a la temática del boxeo, y a los 15 años, Simón Bronenberg, quien era jefe de la redacción de la revista KO Mundial, me publicó uno. Después, semanalmente comencé a redactar una nota para ese medio y a partir de entonces no paré más”, acota.
Autodidacta por naturaleza, Irusta fue sumergiéndose en el mundo periodístico, donde se formó con personajes de la talla de Ulises Barrera, Horacio García Blanco y José Cardona, quien había sido compañero del escritor Roberto Arlt en el diario El Mundo.
“Me fui formando solo, entre periodistas y la propia gente. Eso me permitió ingresar a radio Splendid y en 1974 debutar en canal 7, teniendo la posibilidad de viajar a Londres para la pelea entre Jorge “Aconcagua” Ahumada y John Contech, y posteriormente a México, para ver a Horacio Saldaño frente a José `Mantequilla´ Nápoles”, indica.
Al año siguiente, en 1975, daría un paso trascendente en su carrera profesional al ingresar a la legendaria revista El Gráfico, considerada la “biblia del deporte” en el país y referencia histórica del periodismo en toda América Latina.
“Fue como entrar a la universidad. Era un medio muy competitivo, en el buen sentido, porque cada quien buscaba la forma de hacer la mejor nota posible. Ahí estuve nada menos que 38 años, transitando buena parte de mi vida laboral, en la que traté de transmitir al escribir mi pasión por el boxeo”, resalta.

Analizando a los mejores

Testigo directo de las noches más gloriosas del Luna Park y de más de 40 combates en terreno ajeno, entre ellos el mítico Madison Square Garden, de Nueva York, Irusta es palabra más que autorizada para hablar de grandes boxeadores, esos que, según él, “no son los que siempre ganan, sino los que se caen y se levantan”.
“Nicolino Locche llenaba el Luna Park por lo que era, un boxeador extraordinario, con una comunión con la gente que tuvieron muy pocos. Lejos del divismo, tuvo un estilo absolutamente personal y fue ídolo a pesar de sí mismo, porque casi no hablaba. Él no decía ‘lo mato’ como hacía Bonavena, quien obligaba a meterle el micrófono y a querer verlo. De hecho, cuando peleó con Gregorio Peralta, el 50% de la gente fue a verlo perder”, subraya.
“Así y todo, Bonavena fue el pesado más importante del boxeo argentino después de Luis Ángel Firpo. Era un buen boxeador teniendo en cuenta que tenía los pies planos y caminar el ring le costaba muchísimo. Entendió cuál era la manera de promocionarse y captó rápidamente eso de que debía hablar mucho en la previa para que la gente concurriera”, añade.
Irusta acompañó a Carlos Monzón durante buen parte de su vida. Siempre desde su lugar de periodista estuvo cerca del boxeador, del campeón y luego de la celebridad convertida en reo tras el asesinato de Alicia Muñiz. Su vivencia la volcó en la biografía del púgil santafesino, aportando no solo una gran investigación sino además sumando su voz con experiencias personales de profunda intimidad.
“El libro lo hice en menos de ocho meses y escribí el doble de lo que me habían pedido. Fue una tarea difícil para mí, aunque traté de ser lo más objetivo posible. Lo apreciaba y teníamos buena relación, pero a la hora de escribir traté de reflejar que en él convivieron el campeón y el asesino”, afirma.
“Con Monzón es difícil separar las cosas. En el ring lo dio todo, entrenándose como el deportista que era, pero su vida corrió por otro lado. Para mí fue el mejor boxeador que dio nuestro país, porque le ganó a todos los rivales que le pusieron enfrente”, agrega.
A la hora de elegir al más destacado exponente libra por libra, Irusta no duda. “Si tengo que elegir el mejor en cuanto a técnica, elegancia, poderío y coraje me quedo con Ray “Sugar” Robinson, tal el más completo de todos, pero el más grande fue Muhammad Ali”.
“Lo ví boxear en el 78 cuando recuperó la corona ante León Spinks, en Nueva Orleans, y siempre recuerdo una frase suya: ‘cuando se es tan grande como yo, es imposible ser modesto’. Y realmente en eso, fue el más grande”, subraya.
Obviamente, en la charla también hubo lugar para un análisis de la figura de Juan Carlos Lectuore y lo que implicó para el boxeo nacional.
“A Tito lo conocí desde muy joven. Por entonces tenía 20 años y era muy poco comunicativo, algo entendible porque tenía que desenvolver- se en un medio muy duro. Fue un fanático del boxeo y su aporte a la actividad resultó extraordinario. Marcó un antes y un después, porque desde que comenzó a organizar festivales los boxeadores no tuvieron que irse más del país para tener oportunidades. Cuando murió, con él se fue también el Luna Park”, reconoce.
Por último, se refirió a la actualidad del deporte de los puños, algo alejada de los brillos de otrora.


“Hoy en día el boxeo trata de aggiornarse para no seguir perdiendo terreno frente a la irrupción de las artes marciales, un formato que capturó a los más jóvenes y en el que los mejores están obligados a enfrentarse entre sí. Por otra parte, actualmente la carrera de los boxeadores se forja en base a récords y a mi criterio ese consumo de números que no son reales le hace mal al boxeo”.


“Antes no importaba tanto si ganabas o perdías sino con quién peleabas. Y en esto Gatica es el mejor ejemplo, porque ni siquiera llegó a ser campeón argentino y la gente sigue hablando de él”, concluye.

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Modificado por última vez en Miércoles, 17 Junio 2026 12:35

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