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Dos caras de la migración venezolana

By Familia Cooperativa Julio 20, 2026 4 0
La diáspora venezolana se ha intensificado desde 2010, principalmente en busca de estabilidad política, protección y oportunidades económicas. La Argentina fue uno de los elegidos para echar raíces y hoy, mientras algunos se adaptaron a nuestras costumbres y se sienten contenidos, otros vuelven a la tierra que los vio nacer.


Empujados por la crisis económica, política y social, miles de venezolanos resolvieron dejar su país en los últimos años. Y a la hora de escoger un lugar para radicarse, la Argentina fue uno de los destinos elegidos, en parte porque ofrece mayores facilidades que otros países de la región para regularizar la residencia y obtener la documentación necesaria para vivir y trabajar legalmente. Así, Bahía Blanca se convirtió en el hogar de cientos de ellos.
Hoy, con un escenario que comienza a ser diferente en Venezuela y más allá de haber construido una vida en otro sitio, algunos deciden emprender el camino de regreso, mientras otros eligen quedarse definitivamente.
Las historias de Marvin de Jesús Rada Isenia, de 42 años, y Ennyleth Lucero Rincón Alizo, de 34, reflejan dos realidades distintas, atravesadas por un mismo punto de partida: la necesidad de emigrar.

“Siempre quise volver”

Marvin llegó a Argentina hace siete años y a Bahía Blanca seis meses después. ingeniero en Sistemas, dejó Venezuela por la crisis económica y comenzó una nueva etapa laboral en el país.
Primero se instaló en Buenos Aires, donde tenía algunos conocidos venezolanos, y volvió a trabajar en la consultora KPMG. Poco después surgió una oportunidad para radicarse en Bahía Blanca y se incorporó al área de Auditoría Interna de la Cooperativa Obrera.
“Al principio no quería venir. No conocía a nadie y recién me estaba acomodando en Buenos Aires. Pero me llamaron varias veces, me enamoraron con el proyecto y terminaron convenciéndome. Si hubiese dependido de mí, no habría venido”, recordó.
El cambio no fue sencillo. Acostumbrado al ritmo de Caracas y luego de la Ciudad de Buenos Aires, la tranquilidad bahiense lo sorprendió.
“Mi primera impresión fue que era un pueblo. Venía de vivir a dos cuadras del Obelisco y llegar acá fue un cambio enorme. Después le fui tomando cariño y hoy me gusta mucho vivir en una ciudad tranquila”.
En Bahía Blanca logró reencontrarse con su esposa y sus hijos, que se trasladaron desde Venezuela, y la familia creció con el nacimiento de su hijo menor. Sin embargo, su primogénito, fruto de una relación anterior, permaneció en Caracas y hace años que no puede verlo. Por eso, asegura que los lazos de la propia sangre constituyeron el principal motivo para regresar.
“Hace siete años que no abrazo a mi hijo mayor. Llega un momento en que uno siente que ya no puede esperar más”, confesó.
Según contó, la distancia también fue difícil para su esposa, que estuvo años alejada de sus hermanas y del resto de su familia. “Llega un punto en el que un día de cumpleaños no querés llamar porque terminan llorando allá, lloran acá. Las Navidades, los cumpleaños, todas las fechas... Eso es lo más duro de pasar”, afirmó.
Y agregó: “No tengo asegurado un trabajo en Venezuela; voy a buscarlo. Pero nos mueve esto, la reunificación familiar”.
El regreso ya estaba planificado desde hacía meses, incluso antes de los recientes cambios políticos en Venezuela y de los terremotos, que no afectaron a su familia. Marvin reconoce que el país todavía enfrenta dificultades, aunque considera que existen señales de recuperación.
“Cuando me fui era muy difícil conseguir alimentos y muchos servicios funcionaban mal. Hoy eso cambió bastante. Todavía hay problemas, pero veo una esperanza de que las cosas mejoren”, sostuvo.
De Bahía Blanca asegura que se lleva mucho más que una experiencia laboral.


“Lo mejor fueron las personas. Compartir un asado con compañeros, las reuniones de amigos... Esa forma de relacionarse que tienen los argentinos es algo que voy a extrañar muchísimo”.


Además, destacó la forma en que fue recibido durante estos años. “Hay mucha gente que piensa que el extranjero viene a quitar recursos o trabajo. Yo, afortunadamente, nunca sufrí nada de eso ni me crucé con personas que me hicieran algún reclamo de ese estilo”, señaló.
También reconoce que su formación profesional fue clave para su experiencia migratoria. Especializado en seguridad informática, considera que contar con estudios le abrió puertas y le permitió acceder más fácilmente al mercado laboral. “No todos los venezolanos tienen la misma experiencia. Hay quienes llegan con menos oportunidades y terminan trabajando en repartos o en empleos más precarios. Cada historia es distinta”, reflexionó.
También admite que se lleva costumbres bien argentinas. “Me voy tomando mate todos los días y aprendí a hacer asado”, contó entre risas.

“Ya me autoadopté”

La historia de Ennyleth Lucero Rincón Alizo tomó otro rumbo.
Oriunda de Maracaibo, llegó a Bahía Blanca en agosto de 2019 junto a su familia. Ingeniera naval, encontró en la ciudad un lugar donde criar a sus hijas, hoy de 6 y 8 años, y proyectar un futuro diferente.
“Nos gustó la tranquilidad y la calidez humana. Siempre sentimos que nos recibieron muy bien”, contó.
También destacó el acompañamiento de la comunidad venezolana en la ciudad. Según explicó, estima que en Bahía Blanca viven alrededor de 800 de sus compatriotas y existe una sociedad civil muy activa que organiza actividades y participa de distintos eventos comunitarios.
En el plano laboral, tras un tiempo en la ciudad, consiguió trabajo en la Cooperativa Obrera, en el área de Compras de la gerencia de Obras y Servicios. Además, impulsó un emprendimiento de comida venezolana que le permitió integrarse aún más a la comunidad bahiense.
“Acá empezamos de cero. Venimos a trabajar y a dar lo mejor. Encontrar una empresa que te abra las puertas es una oportunidad muy importante. Además, son todos muy compañeros, siempre me preguntan cómo está mi familia”.
Aunque mantiene contacto permanente con ellos y conserva sus raíces, hoy no imagina un regreso definitivo a Venezuela.
“Me encantaría volver de visita para ver a mi familia, pero vivir allá no. Ya me autoadopté. Mi vida está acá”, afirmó.
Explicó que gran parte de su familia emigró y hoy está repartida en distintos países. Su madre vive con ella en Bahía Blanca desde hace 2 años, mientras que otros familiares se encuentran fuera de Venezuela. “También está esa parte nostálgica de no saber si alguna vez todos volveremos a reunirnos un domingo o en un Día de la Madre”, reflexionó.
Además, contó que no volvió a Venezuela desde que emigró. “Vine casada y me separé acá”, agregó.
Esa decisión de emigrar estuvo marcada por la crisis que atravesaba su país. Recordó especialmente los prolongados cortes de electricidad, la falta de agua, las dificultades para acceder a alimentos básicos y el deterioro del sistema educativo.
“Llegó un momento en que dijimos: ‘Hasta acá’. Ya no se podía seguir viviendo así”.
Hoy destaca especialmente el sistema educativo argentino y la forma en que se acompaña el crecimiento de sus hijas.
“A ellas les encanta vivir acá. Veo cómo las acompañan en la escuela y eso para mí vale muchísimo”.


También resalta que nunca sufrió situaciones de discriminación. “La realidad es que siempre me trataron muy bien. Esa es una de las razones principales por las que me quedo”.

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Modificado por última vez en Lunes, 20 Julio 2026 12:01

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