La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que se produce una acumulación de grasa excesiva en relación con el promedio normal que corresponde a cada niño, según su edad, sexo y talla.
Es decir que la obesidad aparece porque el aporte de energía mediante la ingesta de alimentos supera el gasto, y el excedente se almacena en el organismo como tejido graso. Para saber si un niño es obeso se debe tener en cuenta el índice de masa corporal, que se calcula con el peso y la altura.
Muchas veces, los términos obesidad y sobrepeso se utilizan de forma errónea como sinónimos, aunque no lo son. La evidencia científica sugiere que la obesidad es de origen multifactorial (genético, ambiental y psicológico) y un trastorno metabólico que lleva a una excesiva reserva de energía en forma de grasa en relación a valores predeterminados y relacionados con las variables de edad, talla y sexo.
El sobrepeso, sin embargo, indica un peso corporal mayor relacionado con estas variables. Pero la diferencia entre obesidad y sobrepeso es difícil de precisar porque, a menudo, los niños obesos presentan un aumento de masa libre de grasa.
La obesidad infantil es una proble- mática global que ha ido en aumento en las últimas décadas. Según un informe mundial de UNICEF, en 2019, aproximadamente 38 millones de niñas y niños menores de 5 años y más de 340 millones de 5 a 19 años tenían sobrepeso u obesidad.
Este fenómeno se ha convertido en una preocupación creciente en regiones como América Latina y el Caribe, donde el sobrepeso afecta a más de cuatro millones de niñas y niños menores de cinco años y a casi 50 millones de entre 5 y 19 años.
En las últimas décadas hubo cambios en el patrón alimentario de la población, que pasó de consumir alimentos naturales y comidas caseras a productos procesados y ultraprocesados con exceso de azúcares, grasas y sodio.
Los factores que explican estos cambios son múltiples: los entornos no saludables, la escasa educación alimentaria y la publicidad de alimentos poco saludables que influencia las elecciones, entre otros. Además, el sedentarismo es otro de los factores que propicia el aumento del sobrepeso y la obesidad.
En Argentina la situación es preocupante. El país se encuentra entre los tres con mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil en América Latina. Según un informe regional de UNICEF, el 36,5% de las chicas y chicos entre 5 y 19 años tienen sobrepeso u obesidad.
Estas cifras tan elevadas tienen una fuerte correlación con los niveles socioeconómicos, donde los sectores de menores recursos sufren las mayores tasas de malnutrición por el acceso limitado a dietas ricas en alimentos frescos.
La prevención de la obesidad en la infancia es crucial para promover un desarrollo saludable porque es la etapa en donde se construyen los hábitos que continúan en la edad adulta, y porque ayuda a prevenir enfermedades evitables.
Para abordar esta problemática, la propia UNICEF ha emitido cinco recomendaciones clave para prevenir el sobrepeso y las enfermedades no transmisibles en niñas y niños:
1. Promover una alimentación saludable: Es fundamental que las niñas y los niños consuman una alimentación variada, en base a alimentos frescos y mínimamente procesados como frutas, verduras, cereales, legumbres, carnes, huevos y leche. Limitar el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas es esencial.
2. Fomentar la actividad física e involucrar a la familia en hábitos saludables: Hay que hacer hincapié en que las chicas y los chicos construyan hábitos con mayor actividad física y menos sedentarismo. Es importante realizar todos los días al menos 30 minutos de actividad, ya que previene el sobrepeso y permite tener espacios sanos de interacción y unión familiar.
3. Reducir el tiempo frente a pantallas: Limitar el tiempo que las niñas y los niños pasan frente a pantallas ayuda a prevenir el sedentarismo y fomenta la realización de actividades más saludables. Además, a mayor tiempo de pantallas, mayor riesgo de exposición al marketing de alimentos y bebidas no saludables.
4. Promover la correcta hidratación: Es importante incentivar a las chicas y los chicos a consumir agua segura y limitar las bebidas azucaradas.
5. Involucrar a la familia en hábitos saludables: Involucrar a toda la familia en actividades físicas y en la preparación de comidas saludables puede crear un entorno que favorezca el bienestar tanto de las niñas y los niños como de toda la familia. La alimentación es también emocional: platos saludables acompañados de entornos seguros y efectivos traen nutrición y felicidad.
Datos de epidemia
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la obesidad adquiere datos de epidemia mientras millones de perso- nas fallecen por falta de comida alrededor del mundo. La prevalencia del sobrepeso y la obesidad está aumentando, sobre todo, en la población infantil, que es la que registra los índices más altos hasta ahora conocidos.
La mayor preocupación derivada del aumento de casos reside en sus consecuencias en la salud a corto y largo plazo. Pese a que existen pocas evidencias sobre los efectos beneficiosos de los programas de prevención y tratamiento, los expertos destacan la educación de padres y niños como pilar indispensable para luchar contra esta enfermedad.
Este problema compromete su salud y desarrollo presente y futuro, con consecuencias numerosas ya que puede provocar desde problemas psicosociales de los menores hasta enfermedades crónicas en la madurez como diabetes, hipertensión arterial, ciertos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.
Algunas investigaciones realizadas al efecto dejan entrever que en los últimos tiempos, los casos de asma que se registran son hasta dos veces más probables en niños con sobrepeso. Por ello, prevenir la obesidad desde la infancia a través de una alimentación saludable y de la práctica de actividad física con regularidad es fundamental porque un niño obeso será probablemente un adulto obeso.
En algunos casos de obesidad infantil se pueden detectar factores genéticos. Expertos en el tema aseguran que el componente genético puede influir de manera determinante porque existen familias que tienen tendencia a engordar, aunque en general lo genético se suele asociar también a los hábitos alimentarios. Por lo tanto, en familias donde hay varios obesos el motivo suele ser una mala alimentación.