Gracias a la vida

By Familia Cooperativa Mayo 19, 2022 247 0

El oncólogo bahiense Fernando Petracci y varios de sus pacientes realizaron una larga travesía hasta el Valle de las Lágrimas, en plena cordillera, para homenajear a los fallecidos y sobrevivientes del Milagro de los Andes, del que se cumplen 50 años.  
                                  

El 13 octubre de 1972, a raíz de una fatídica combinación entre el mal tiempo y un error del piloto, un avión fletado a la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la Cordillera de los Andes. Como consecuencia del accidente 29 personas murieron y las otras 16 que fueron rescatadas dieron lugar a una de las más increíbles historias de supervivencia.

Al cumplirse medio siglo de la tragedia conocida como el Milagro de los Andes, el médico bahiense Fernando Petracci invitó a sus pacientes recuperados de cáncer de mama a realizar una travesía hasta el lugar en el que se suscitó un hecho que cobró relevancia en el mundo entero.
La idea del ultramaratonista y especialista en cáncer de mama del Instituto Alexander Fleming de Buenos Aires surgió en el verano del año pasado, cuando viajó con un grupo de amigos al Valle de las Lágrimas, en Mendoza, donde se encuentran los restos del avión.
“Ese lugar me emocionó mucho. Y dije: acá tengo que venir con mis pacientes para que les sirva de motivación”, destaca.
Petracci compartió la idea con su amigo Martiniano Acuñas y juntos empezaron a organizar la travesía: una caminata de 50 kilómetros, bajo la consigna “Volver a la vida después del cáncer de mama”.
“Quisimos que la caminata representara una meta, un desafío para el cual prepararse. Y que sirviera luego para que los pacientes realicen un cambio en sus vidas, incorporando nuevos hábitos y haciendo actividades deportivas y recreativas en forma rutinaria”, resalta.
Llegar al gran día con todo organizado requirió no solo una ardua tarea sino también un gran esfuerzo logístico, incluyendo charlas por Zoom con los pacientes para que pudieran prepararse individualmente.
“Muchos se sumaron a algún grupo de corredores y después les pasamos pautas de cuánto caminar, qué tipo de mochila llevar, con cuántos kilos, etcétera”, subraya.
Tras un año de preparación, el 4 de marzo comenzó la travesía que duró 3 días y contó con 31 pacientes de entre 38 y 68 años. A ellos se sumaron 13 profesionales de la salud, 4 guías de montaña, arrieros, caballos y un equipo de producción de Buenos Aires para documentar la experiencia.
El resultado fue positivo. Sólo 3 pacientes tuvieron que realizar una pausa después de la primera caminata de 18 kilómetros por decisión del equipo profesional, en razón del esfuerzo realizado.
De todas formas, el contratiempo no les hizo perder a alegría. “Cuando regresamos al segundo día nos estaban esperando, tan contentos como si ellos mismos hubieran subido”, comenta Petracci.
Otro momento de onda emoción se vivió durante la primera noche entre en las montañas, cuando los pacientes leyeron las cartas escritas por sus familias, un regalo que habían preparado para que se sintieran acompañados.
“Al viaje fueron sin sus seres queridos porque la idea era que se relacionaran con otras personas que atraviesan una experiencia similar a la de ellos”, afirma.

Cuando fluyen las emociones

-¿Cuál fue el momento qué más te marcó?
-La parte más emocionante, con mucho llanto incluido, fue apenas llegamos a donde descansan los restos de la mayoría de los fallecidos en la montaña. Ahí, donde está una cruz de hierro con una variedad de rosarios y crucifijos colgados, espontáneamente hicimos un círculo y rezamos un Padre Nuestro…
“Fue muy fuerte encontrarte cara a cara con pacientes que te agradecen por haber contribuido a salvarles la vida y a la vez ser elegidos para ir a ese lugar. Fue una forma de retribución de lo que uno hace en el día a día”.
Después de aquella experiencia emprendieron el regreso, que incluyó acampar para pasar la segunda noche y así volver con las pilas recargadas.
“Médicos y asistentes recibimos muchas muestras de afecto de los pacientes. Algunos nunca se habían puesto una mochila en la espalda, ni cruzado un arroyo, ni dormido en carpa con personas desconocidas… La verdad superó lo que esperábamos desde lo emocional, desde la convivencia, desde el agradecimiento, desde cómo persiste esa motivación para seguir haciendo cosas”, reconoce.
Petracci considera muy fructífera esta relación con el paciente fuera del consultorio y siente satisfacción y orgullo por “haber puesto un granito de arena que impulse a otros colegas y que a su vez los pacientes sean ejemplo para otras personas y para sus familiares”.
El viaje superó ampliamente las expectativas, por lo que el médico ya tiene fecha reservada para repetir la travesía en marzo de 2023, aunque esta vez la propuesta incluirá a pacientes con metástasis en diferentes órganos.
Al respecto señala que en este nueva experiencia el mensaje se centrará en que “se puede vivir con cáncer en forma crónica gracias a los nuevos tratamientos, para desmitificar un poco la idea de que si tenés esta enfermedad te vas a morir”.
“Queremos que todo esto sirva para otros pacientes, familiares, personas con otras enfermedades y para transmitir que después o pese a tener cáncer se pueden hacer estas cosas”, concluye.

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Modificado por última vez en Lunes, 30 Mayo 2022 11:33

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