Andrés Salinas, un ejemplo de vida

By Familia Cooperativa Octubre 19, 2021 125 0

A los 25 años y tras rehabilitarse de un grave accidente de tránsito que lo dejó al borde la muerte, este infatigable puntaltense se recibió de profesor de Educación Física en agosto pasado, siendo la primera persona no vidente en conseguirlo en nuestro país.


Soy un chico de fe y creo que Dios me puso donde estoy hoy. Más que el título de ‘ser el primero’, haber terminado la carrera en esta condición representó algo muy grande para mí”.
Alberto Jonatan Andrés Salinas perdió la vista en noviembre de 2018 tras un accidente de tránsito que lo dejó en coma, con apenas un 5 por ciento de probabilidad de sobrevivir. Contra todo pronóstico, despertó e inició un largo camino de rehabilitación, quedando la ceguera como única secuela física.
“Hago duelos constantemente. De a poquito me fui dando cuenta de que todo se puede hacer, en mayor o menor medida. Fue un accidente de gravedad y decían que si salía de terapia iba a estar en sillas de ruedas, con problemas neuronales o deforme, y nada de eso pasó”, resalta.
Al momento del accidente Andrés, como prefiere que lo llamen, tenía aprobada todas las materias cursadas del tercer año en el Instituto Superior de Estudios Especializados de Punta Alta, restándole solamente los finales de ese período y el último año de la carrera. Al salir del hospital, se propuso seguir y en marzo de 2019 se presentó en el instituto.
“Siempre trato de terminar lo que empiezo y qué mejor que hacerlo con mis compañeros con los que había cursado el resto de la carrera y con los que había realizado dos viajes inolvidables”, subraya.
El puntaltense recuerda que la actitud de los directivos y compañeros hacia él fue muy buena. “La directora vio mi motivación y eso la decidió a buscar una respuesta para poder continuar, una herramienta para mí y para los docentes, porque ellos también tenían un desafío muy grande”, reconoce.
Las autoridades de la entidad se pusieron en contacto con pares de instituciones de Bahía Blanca, como el Centro de Rehabilitación Luis Braille y las escuelas 507 y 501, para ayudar a Andrés tanto con la parte de movilidad y orientación como con la lectoescritura.
No resultó sencillo. Tuvo que aprender a manejarse con el bastón, familiarizarse con el sistema braille y afrontar otras dificultades que le planteó la cotidianeidad. Todo mientras cursaba.
“Fue un desafío muy grande, que comprendió también a los profesores, que pusieron mucho de su parte y empezaron a trabajar más la oralidad. Además, aprendí a usar el teléfono con los lectores de pantalla, que vienen de forma predeterminada”, acota.

La fuerza de la familia

-¿Qué fue lo que más te costó?
-Leer y escribir. Estar en el último año y tener que tomar apuntes de una manera distinta a la que estaba acostumbrado era algo imposible, porque el sistema braille es muy lento. Entonces grababa las clases y después las repasaba en mi casa. La concentración y la memoria se desarrollaron muchísimo, creo que también por el hecho de no consumir redes sociales, televisión ni videojuegos. Además, la vida se hizo más pausada. Tuve un duelo muy grande en cuanto a la movilidad: antes mi vida era muy agitada, tenía dos trabajos (delivery gastronómico al mediodía y a la noche, y a la mañana trabajaba en un gimnasio) y cursaba. Salía de mi casa a las 8 de la mañana y volvía a la una de la madrugada.
Andrés asegura que encontró la fuerza principalmente en su familia. También valora el apoyo de sus amistades, como así también de las instituciones y profesionales que le permitieron cumplir su meta. Y por supuesto la compañía de Dios, en quien cree firmemente.
En 2019 participó de un congreso organizado por la Federación Internacional de Educación Física (FIEP), donde se capacitó en varios cursos, entre ellos sobre deportes adaptados. Y en 2020 fue invitado a disertar en un simposio de Deporte y Educación Adaptada, donde descubrió que había varios chicos no videntes en la carrera, aunque ningún egresado.
Después de su graduación, Andrés tuvo un llamado del Municipio de Coronel Rosales para contar su experiencia y conversar sobre un proyecto para que personas con discapacidad tengan un lugar donde practicar deportes adaptados. Mientras espera que se dé, sigue con su búsqueda laboral.
“Lo que más me gusta es el área sanitaria: aportar a la corporidad de cada persona y que realmente quiera mejorar su salud. Me atrae comprender lo que indican los estudios endocrinológicos y sanguíneos, que influyen directamente en el desarrollo de la actividad física y ayudar a que la persona pueda sentirse mejor. Me tira más ese ámbito que entrenar la salud con la tarjeta marketinera del estilismo”, admite.
Andrés cuenta además que vive con sus padres, está en pareja y es bastante independiente, aunque tiene dificultades para caminar solo por la calle porque “hay lugares de la ciudad que no son accesibles”. Sin embargo, nada lo detiene.


“La vida es una moneda y tiene dos caras. Hay que tratar de que caiga la mayor cantidad de veces del mejor lado, ir para adelante y tener fuerzas. Como dice la canción Hakuna Matata, hay que aprender a disfrutar y solo preocuparse por lo que uno puede cambiar para transformar el presente”, destaca.


Por último, confiesa que extraña muchas cosas, principalmente las caras de sus papás, de sus hermanas, de su sobrina… y la suya, por supuesto. Pero también encuentra el lado positivo a este presente.
“No ver a las personas también representa algo magnífico, porque trasunta su esencia y no lo que aparentan. Eso me hizo reflexionar acerca de quienes me rodeaban y hoy en día el ámbito que me circunda es muy distinto”, concluye.

Contacto: En Facebook aparece como Andrés Salinas y en Instagram como _jonatanandres. Su dirección de correo electrónico es Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Modificado por última vez en Martes, 19 Octubre 2021 16:14

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