Natalia Rondinara: marplatense y mecánica de camiones

By Familia Cooperativa Agosto 19, 2021 477 0

Distinguida por el municipio de General Pueyrredón como una de las “mujeres que hacen historia” en el distrito, hace diez años dejó de dar clases de Educación Física para ponerse al frente de un taller especializado en mecánica pesada.


Más allá de que su padre Beto siempre le insistió con que tenía pasta para trabajar en el taller, Natalia Rondinara decidió que cursaría en su Mar del Plata el profesorado de Educación Física, carrera que ejerció hasta hace una década. Fue entonces cuando a los 36 años decidió dar un rotundo giro a su vida y volcarse a la mecánica, siguiendo aquel viejo consejo paterno.
Es que poco antes de fallecer, su papá les dijo a Natalia y a sus hermanos Fabio y Rosana qué les iba a dejar a cada uno. A Natalia le tocó el taller de calle Fitte, el que levantó su mamá Rosita mientras Beto trabajaba en la otra sucursal que heredó Fabio. A Rosana, en tanto, profesora como su hermana, le correspondió otro local donde armó su gimnasio.
“La Tornería Rondinara venía de una mala administración de un empleado de muchos años que ya no está y tuve que hacerme cargo de las deudas. No me daba el tiempo para hacer las dos actividades, por eso dejé la Educación Física”, resalta.
Los primeros tres años de Natalia en el taller resultaron difíciles: números en rojo, falta de herramientas y un nombre que limpiar. Pero poco a poco el rumbo comenzó a enderezarse y hoy se siente una privilegiada de estar en el lugar que ocupa.
Especializada en puntas de cañoneras de camiones, Natalia destaca que aunque en el ámbito marplatense hay otro taller que se dedica a la misma actividad, trabajo no falta, incluso en pandemia.
-Cuando empecé no sabía nada. Si bien me crié en un taller mecánico porque con mi familia vivíamos arriba de la primera sucursal y era permanente bajar a saludar a papá y escuchar el ruido de las máquinas y ver las herramientas, esto de “manos a la obra” arrancó hace 10 años.

-¿Cómo aprendiste?
-Hice un curso de tornería en la Escuela de Oficios de Mar del Plata. Tengo el título pero no ejerzo, porque el torno demanda tiempo y no podés hacer otra cosa. Yo acá soy la que arma, desarma, atiende al cliente, el teléfono, compra los repuestos... También me especialicé en otros rubros y un mecánico que era amigo de mi papá me enseñó a trabajar en el tren delantero. Así fue aprendiendo un montón de cosas para incorporar servicios al taller.
Tornería Rondinara hoy es una pyme unipersonal, con Natalia a la cabeza y tres empleados. El lugar, con espacio para cuatro camiones y una sala de máquinas, cuenta con una aparato vital inventado por su papá. “Es portátil, se llama ‘brocadora’ y permite rectificar el interior de la manga de cañonera”, indica.
-Ahora les estoy enseñando el oficio a mi hijo de 16 (Tahiel) y a mi hija de 13 (Lihuen). Vienen contentos al taller cuando les cuadra un ratito. La gente les dice “qué mamá que tenés” y ellos ¡llenos de orgullo!

Con pasión y voluntad

-¿Sos la primera mujer marplatense que se dedica a este oficio?
-Creo que soy la primera en la Argentina y no sé si no me quedo corta. Conozco camioneras, mujeres que hacen cambios de filtros y de aceite, soldadoras, carburistas, pero no que se dediquen a la mecánica pesada.
Natalia recuerda que al principio la gente se sorprendía. No solo por verla trabajar con grandes pesos a pesar de su contextura delgada, sino también por sus conocimientos. “Les llamaba la atención las explicaciones que daba siendo mujer; a muchos hombres les preguntás qué es la punta de cañonera y no tienen ni idea”, apunta.

-¿Alguna vez hubo falta de aceptación o te subestimaron?
-No, realmente no. Tuve algún que otro comentario, como el de un hombre que vino y dijo “yo con mujeres no puedo hablar”, pero después de que mis compañeros le revisaran el camión y yo le explicara todo, se disculpó. No podía creer lo que sabía. La verdad es que tuve más palabras de halago que de discriminación, porque saben lo que es el trabajo o se lo imaginan, tienen en claro que hay que hacer fuerza y un montón de cosas más, entonces es más la admiración que provoco en el hombre que el desagrado.
Natalia cuenta que jamás le negaron un trabajo por ser mujer, sino todo lo contrario. Algunos clientes incluso van con sus parejas y les dicen “esta es la chica que me arregló el camión”.
Destaca también que, a diferencia de lo que ocurre en un taller exclusivamente de hombres donde por ahí ante un problema aparecen insultos, en su espacio laboral predomina el buen trato.
“Intento consensuar. Cuando llaman enojados, dejo que digan todo lo que tengan que decir y después les hablo con respeto, explicándoles la situación”, sostiene.
Para mejorar la experiencia del cliente, Natalia explica que también envía por WhatsApp el proceso del trabajo en fotos y videos para “mostrar honradez, porque una vez que armaste el cliente no sabe si vos le cambiaste todos los repuestos”.
Como lo hizo con el profesorado tiempo atrás, realiza su trabajo con pasión y voluntad, “como todas las cosas de mi vida”. Y si bien a veces tiene ganas de dar alguna clase, no se arrepiente de la decisión que tomó.
“Me encanta este oficio y cuando pienso en el futuro me veo con el mameluco. Tengo un montón de proyectos y de lo único que me arrepiento es de no haberlo agarrado antes, porque hubiese sido distinto aprender de la mano de mi papá”, admite.
Natalia trata de transmitir, sobre todo a sus hijos, la importancia de hacer lo que a uno le gusta, porque “va más allá de lo económico y de cualquier cosa mundana; es algo que te reconforta el alma y todos los días te dan ganas de hacerlo”.


Mientras tanto, proyecta muchos años más en el taller para seguir creciendo y continuar con el legado Rondinara.


“Cuando sea más grande voy a estar acá, no sé si la misma cantidad de horas, pero voy a estar. Me encanta el ambiente, el olor, el frío, el calor. ¡No hay nada tan malo que me quite las ganas de venir al taller!”, concluye.

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Modificado por última vez en Miércoles, 25 Agosto 2021 16:29

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