Un tributo que clama el viento y ruge el mar

By Familia Cooperativa Marzo 25, 2021 186 0

Sobreviviente del crucero General Belgrano, Nilo Navas eligió recorrer con su pequeño velero cada rincón del sur argentino, no sólo para rendir homenaje a los héroes caídos sino para que lo sucedido durante la Guerra de Malvinas no quede en el olvido.


En guerra, en el medio del Atlántico Sur, murió la tercera parte de la tripulación. ¿Por qué logró sobrevivir las otras dos terceras partes? Por estar en el lugar justo para zafar de la explosión y después, luchar por la vida. La lucha fue en las balsas y como se actuó con espíritu de equipo, todos los que pudimos sobrevivimos. Algunos murieron por las heridas y otros congelados, pero en las balsas donde éramos muchos, entre nosotros nos dábamos calor. Si alguien se estaba durmiendo lo golpeaba para que no se duerma y si yo me estaba durmiendo otro me golpeaba a mí, porque si te dormías te morías. Hubo gente que dio la vida por otro, porque con 10 grados bajo cero se sacó la chaqueta y se la dio a alguien que estaba quemado. Eso es heroísmo. Un héroe es alguien que hace algo por otra persona”.
Nilo Navas, sobreviviente del crucero General Belgrano, recuerda como si fuese hoy aquel hundimiento en plena Guerra de Malvinas que cambió su vida por completo. Es una página de la historia argentina y de la suya, que mezcla el dolor y el heroísmo, y que años posteriores lo empujó a viajar por las aguas del Atlántico Sur para homenajear a los caídos en aquel conflicto bélico.
Durante la guerra de Malvinas, Navas fue cabo primero de operación y trabajó en la parte táctica-estratégica del barco asesorando al comandante en la toma de decisiones. Cuenta que el 2 de mayo de 1982, cuando se produjo el ataque del submarino británico Conqueror, él estaba terminando su guardia. El impacto fue exactamente a las 16 y 23 minutos después el comandante ordenó abandonar el buque.
“Soy profesor de escuela, hace 32 años que doy clases en Bahía Blanca, y siempre les cuento a los chicos que una de las decisiones más importantes de mi vida fue tener que arrojarme a la balsa. Me han preguntado: “¿Por qué considera que esa fue una decisión relevante?” Porque precisamente fue abandonar la casa y saltar a una balsa, sin saber qué iba a ser de nuestra vida. En las balsas murieron 23 personas. No fue que nos tiramos y fue un carnaval carioca o nos vinieron a buscar enseguida. ¡No! Estuvimos muchas horas en balsas que se desinflaban e inundaban. Teníamos miedo, llorábamos, cantábamos, reíamos, rezábamos…”.
“La noche del 2 al 3 de mayo fue terrible: con vientos de más de 100 kilómetros, olas de 7 u 8 metros de altura y una térmica de 10 grados bajo cero. Y cuando ya no teníamos fuerzas, apareció algo adicional que empujó a seguir, fundamentalmente el espíritu de equipo: no hubo un superhéroe que salvara a todo el mundo, éramos 22 tirando juntos para tratar de sobrevivir, y lo hicimos. Nos rescataron en la segunda noche, cuando estábamos prácticamente congelados”.

Un antes y un después

Navas remarca que también hubo un antes y un después del hundimiento del Belgrano. En el antes fue fundamental la enseñanza, “porque hubo mucho entrenamiento durante la navegación y en el momento que tuvimos que actuar lo hicimos porque sabíamos cómo hacerlo”. Y en el después, lo importante fue encontrar la vuelta para salir adelante.
Hoy, presidiendo la Fundación Malvinas Argentinas, admite que lo ayuda no solo hablar de lo que pasó sino recorrer cada rincón de nuestro sur, para que lo que sucedió en aquel pedazo de nuestro suelo no quede en el olvido.
Por eso, el noviembre de 2013 decidió comprar el velero Galileo, un barco de plástico de 12 metros de eslora con el que empezó su misión patriótica en 2015, acompañado por una tripulación que continúa fiel a su andar.
Desde entonces encabezó cinco navegaciones. La primera duró dos semanas y se hizo en el marco del proyecto “Navegaciones Patagónicas Atlántico Sur”, que tuvo como objetivo “navegar por las aguas patagónicas que nos marcaron de una manera muy significativa”.
“Zarpamos desde Mar del Plata, pusimos rumbo sur y estuvimos navegando aproximadamente a 200 kilómetros mar adentro de la costa argentina. Tocamos Puerto Deseado, Puerto Madryn, Bahía Blanca y volvimos a Mar del Plata”.
En 2017 el viaje continuó por la Isla de los Estados, Ushuaia y el lugar del hundimiento del Belgrano, una navegación de 5.000 kilómetros que duró 30 días.
“Fue revivir y recordar lo ocurrido entre abril y mayo de 1982. A mí me interesa mucho la Isla de los Estados, que está enfrente de Tierra del Fuego, porque ahí está el Faro del Fin del Mundo y la luz de la baliza fue la última que vimos el 30 de abril de 1982, cuando estábamos a bordo del crucero. Hoy, los accidentes costeros de esa isla tienen los nombres de los 323 caídos del Belgrano”.
En 2018, Navas llevó a cabo el proyecto “Navegaciones Educativas en la Ría de Bahía Blanca” debido a que, por la desaparición del ARA San Juan, quedó sin efecto el viaje previsto al sur argentino. En ese contexto, durante seis meses, más de 300 chicos de escuelas bahienses se embarcaron gratuitamente en el Galileo para conocer más sobre Malvinas, además de aspectos inherentes a marinería y geografía.
Un año más tarde, el Galileo volvió a los viajes largos. Navas y su tripulación fueron con la virgen de Malvinas hacia San Juan del Salvamento, donde inauguraron la biblioteca Héroes de Malvinas 1982. También tomaron parte de una misa antártica en comunicación directa con el rompehielo “Almirante Irízar”, que se encontraba en la base Marambio.
Y en 2020 terminó el plan austral con el cruce del Pasaje de Drake. “el trayecto más difícil del mundo, donde tenés 1.100 kilómetros hasta la costa, estás rodeado de los océanos Atlántico y al Pacífico, y para abajo hay 4.000 metros de profundidad”, cuenta Navas. Pese a esas condiciones, el pequeño Galileo lo cruzó a vela en cinco días y llegó a la Antártida para un recorrido por las bases argentinas.
“La Cooperativa Obrera y el Bahía Blanca Plaza Shopping (BBPS) colaboraron con libros y documentos que entregamos en la escuela Raúl Alfonsín. Lo hicimos a través del personal apostado en la base Carlini, ya que por cuestiones meteorológicas no pudimos llegar a la base Esperanza”.
Navas cuenta que este año llevó a cabo un viaje muy emotivo junto con dos veteranos de guerra y otros siete tripulantes. Partieron desde Ushuaia para rendirle homenaje al comandante Luis Piedrabuena en la Isla de los Estados y luego recorrieron San Juan del Salvamento. En el Faro del Fin del Mundo, en Puerto Cook y en Puerto Parry colocaron placas evocativas, emplazaron una cruz de lapacho y rindieron homenaje al crucero Belgrano.
“Ya hemos recorrido unos 22 mil kilóme-tros, que es muchísimo porque el barco navega a vela, a razón de 200 kilómetros por día. Toda la tripulación es bahiense y la zona, y el Galileo es el único velero argentino que tocó todos los puertos argentinos, lo cual nos llena de orgullo”, dice Navas, quien piensa para 2023 un plan de navegación por el Pacífico.

La vida por la Patria

-Estos viajes y encuentros, ¿ayudaron a resignificar el hundimiento del Belgrano?
-Sí, claro. Las personas tienen distintos objetivos individuales al navegar, pero lo mío es netamente histórico. Me motiva toda esa zona porque es una recreación; zurcamos todas las aguas que transitó el crucero Belgrano y esos lugares me transpolan a abril y mayo de 1982. Entrar, por ejemplo, a la zona de Puerto Cook y mirar a mano izquierda y ver una punta que sobresale en la cima de la montaña y saber que esa punta se llama Juan Carlos Bollo me emociona, porque él era el amigo de mi vida y murió en el crucero. O ir a una laguna y que se llame Gorosito, que era uno de los caídos del Belgrano… Todas esas personas, que algunas conocíamos y otras no pero éramos todos compañeros, tienen sus nombres en los accidentes costeros… y ¡vos estás ahí! Eso está cargado de historia. Por eso ya fui tres veces y voy a seguir yendo.
-¿Cuál es el momento más emotivo de todos esos viajes?
-Hay varios, pero creo que el más emotivo fue en enero de 2017 cuando llegamos al lugar del hundimiento del Belgrano, porque sabíamos que a 4.000 metros de profundidad estaba el buque. Podrá estar un poquito más acá o más allá, pero simbólicamente ahí. En ese lugar arrojamos al mar una botella con un documento, ofrendas florales y una caja donde familiares de los caídos del Belgrano de todo el país pusieron remeras, fotos, placas, estampas, rosarios... Simbólicamente fue como un brazo largo hacia el crucero. Soplaban vientos de 130 kilómetros y, a pesar de eso, llegamos y lo documentamos.
En este 39° aniversario del conflicto bélico, Navas remarca que Malvinas es la página contemporánea más rica de nuestra historia, “plagada de héroes que hicieron algo por la Patria más allá del resultado final, porque si medimos todo por un resultado estamos en un problema”. Y pide recordar con respeto a los 649 soldados argentinos que ofrendaron sus vidas, destacando que la soberanía es algo irrenunciable.

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Modificado por última vez en Jueves, 25 Marzo 2021 08:23

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