El aniversario de un evento traumático puede activar recuerdos y emociones angustiantes. La intensidad de nuestras emociones puede tomarnos por sorpresa y hacernos sentir abrumados, por lo que manejarnos frente a estas circunstancias requiere anticipar la respuesta emocional, planificar el día con actividades significativas, buscar apoyo social y practicar el autocuidado.
En principio hay que considerar que es normal tener sentimientos intensos cerca de la fecha en cuestión. Por tal motivo, hay que hacerles saber a las personas queridas que puede ser un momento difícil y solicitar el apoyo necesario.
Por otra parte, no hay que tratar de ignorar o negar los sentimientos. En tal sentido, pueden experimentarse sensaciones de dolor, enojo, ansiedad, agotamiento o simplemente sentirse insensibilizado.
Son todas reacciones normales. Hablar sobre estos sentimientos con personas que se preocupan por nosotros puede contribuir a procesar los sentimientos. A algunas personas les ayuda expresar sus sentimientos llorando, así como hacerlo por escrito o de forma creativa, ya sea pintando o escuchando música.
Asimismo hay que buscar maneras significativas de hacerle honor a ese día, considerando en este contexto la compañía de la familia, amigos o la comunidad.
No estamos solos
Las ceremonias o actividades conmemorativas no solo permiten que expresemos nuestros sentimientos, sino que nos recuerdan que no estamos solos con nuestro dolor. Ayudar a otros puede ser una forma positiva de afrontar la tristeza y el desaliento que afloran en los aniversarios.
Además, acudir a las personas que se preocupan por nosotros puede contribuir a sentirse más fuerte en tiempos difíciles. Hablar con ellos evita estar solo con los recuerdos difíciles, más allá de que se puede obtener otra perspectiva y una oportunidad de compartir nuestros sentimientos. También sirve para disfrutar de tiempo en compañía y alejar pensamientos apesadumbrados.
Los aniversarios pueden hacernos sentir indefensos y temerosos otra vez. Las imágenes que percibimos, las historias que oímos y nuestros propios recuerdos pueden aumentar el estrés.
Frente a esto, es menester cambiar nuestra perspectiva reconociendo la fuerza que nos ha impulsado para seguir adelante y llegar a donde estamos ahora. Esa fuerza siempre nos acompaña, aun cuando no la percibamos, por lo que hay que seguir buscando lo positivo en tu vida y sentirnos agradecidos.
Finalmente, si nuestra mente está atrapada en los “qué hubiera pasado si” o “si tan solo...”, hay que tratar de pensar en el presente, intentando permanecer enfocado en el aquí y ahora. Respirar profundamente e intentar liberar el estrés del cuerpo a través de una lenta exhalación.
Estas técnicas sencillas pueden servirnos para relajar el cuerpo y liberar la tensión, así como desarrollar otro tipo de actividades que incluyan leer un buen libro, caminar al aire libre o disfrutar de un pasatiempo, evitando otras formas no saludables de enfrentar la situación.